lunes, 29 de julio de 2013

Dublín

Después de haber estado en Gales, Escocia y, por supuesto, vivir en Inglaterra (que ya va para un año), me faltaba Irlanda para cerrar el círculo, para haber pisado los cuatro países que conforman el Reino Unido. Hace poco más de un mes me puse de acuerdo con Miguel, un amigo de Leeds para ir a Dublín. Compramos un vuelo barato y allí que nos fuimos. Llegamos a las 8 de la tarde al aeropuerto y casi a las 9 al hostel (Generator, muy buena calidad-precio; altamente recomendable). El timing fue perfecto: nos pegamos una ducha y salimos. La primera parada fue el famoso Temple Bar, por el que pasaríamos casi todos los días. Música en directo, decenas de turistas y una decoración acorde con la festividad que transmite la ciudad. Es el sitio que recomiendan las guías turísticas y cualquiera que ha pisado la ciudad. El vídeo de aquí así lo atestigua. A decir verdad, estaba demasiado masificado, y eso que era un jueves, pero es que se ubica en el centro de la ciudad, en el barrio de Temple Bar, donde hay más bares, pubs, tiendas, restaurantes de comia rápida y la calle transmite alegría, dinamismo y diversión.

Recuerda en cierto modo a España, esa fue la primera impresión que nos causó. La gente viviendo en la calle, sentada en la plaza bebiendo. No confundamos con hacer botellón, pero sí que se dejaban arrastrar por el buen clima y transpiraban cierto aire latino o mediterráneo. Seguro que, en parte, también se han visto contagiados por la tradición española por estas tierras desde hace años y es que no dejamos de oír español a lo largo del fin de semana. Siempre ha sido un destino elegido por los españoles para estudiar en verano: el clima, la bonhomía de la gente y la fiesta lo hacen casi insuperable.

Unas Guinness en el famoso Temple Bar



Después de pagar las cervezas (Guiness, para ser fiel a la tradición local) al precio de turista, nos acercamos al Grogans (en South Williams), pero no llegaos a entrar. La mayoría de la gente estaba bebiendo fuera sentados en mesa; sin embargo, cobraban entrada. Un contrasentido. Y no quedaban mesas libres, así que nos fuimos a un bar cercano que también tenía apuntado en la agenda: el Hogans. Estuvimos un rato y poco más. No era el día. Nos vimos un poco fuera, cada uno con su grupo y nosotros sin posibilidad de arrimarnos a ninguno. La noche estaba vista para sentencia, mejor intentarlo el viernes y el sábado. De todos modos, caería una copa más en un sitio cercano al hostel, cerca del río. Un local de dos o tres plantas con buen ambiente, aunque había más gente en la terraza fumando que en el propio garito. Dejo una muestra de la innovación que probé: ron con cerveza roja. Como me dijeron por Twitter cuando subí la foto: "Esto es prostituir el ron". No le faltaba razón.

Memorial del político John Gray (O'Connell St.)
No más tarde de las 11AM dejamos el hostel y nos fuimos de turisteo. Dudamos si entrar en el Dublinia, el museo que cuenta la historia -con barcos incluidos- de los vikingos, que también hicieron acto de presencia en esta zona. Aunque después de haber estado en el de Oslo, no creo que ninguno sea comparable. Finalmente desechamos esta opción y anduvimos por nuestra cuenta por el centro. Donde sí que entramos fue en el 'Pequeño Museo de Dublin'. Un lugar coqueto, de apenas dos plantas pero donde se sintetiza perfectamente la historia de este país; además hay un guía que te la cuenta con todo lujo de detalles. Puedo afirmar que conocemos mejor a esos tipos simpáticos a los que siempre se representa con el trébol y donde los duendes son su icono favorito.




Larkin, líder activista sidical

Charles Stewart Parnell, líder político nacionalista
Un repaso por la guerra con Inglaterra y su posterior independencia, la visita de J.F.K, el voto de la mujer, el IRA... Y, además, en la planta baja, había una exposición sobre los lazos entre USA e Irlanda. De hecho, fue ese anuncio en el portal el que nos llamó la atención y de ahí que decidiéramos entrar.

Resulta asombroso la conexión tan íntima entre ambos países, y cómo, por el contrario, el país de acogida presta tan poca atención a quienes un día, hace poco más de doscientos años, ayudaron a crearlo.

Una de las fotos que he colgado resume bien el entroncamiento con Estados Unidos. Más de diez presidentes de la Casa Blanca tuvieron ascendencia irlandesa: los últimos, Nixon y Reagan.

Los irlandeses en La Casa Blanca

Tras esta visita cultural y estar dando vueltas toda la mañana tocaba pasar el control de avituallamiento. Cerveza fresquita y a otra cosa. Volvimos al hostel a por las maletas y cogimos el bus en dirección a casa de Andreea, la chica rumana de Couchsurfing que nos acogería un par de días y que fue muy buena anfitriona, como nosotros buenos huéspedes; sobre todo Miguel, que el segundo día hizo una tortilla de patatas y todo.

Nos fuimos de fiesta esperando que el viernes mejorara a la noche anterior y no defraudó. Entramos en un par de discotecas muy cool. Sí, en Dublín también hay discotecas, no solo pubs, y bien chulas. La decoración, la gente (muy posh) y el precio de las copas hacían entender que el sitio en el que nos encontrábamos era TOP.
 
Salimos con Andreea y con unas amigas suyas. La holandesa tenía pinta de modelo. Too tall, decía Miguel. Prejuicios aparte, era la típica holandesa, alta, ojos claros, rubia... Hot, sí, como os estáis imaginando.

Sin apenas dormir -porque Andreea se había ido a trabajar y su compañero de piso también tenía que salir y cerrar la puerta-, desayunamos y fuimos al centro a seguir disfrutando de la ciudad. Visitamos el castillo y sus alrededores y nos dimos una vuelta por el Trinity College, la Universidad más antigua de Irlanda. Casi lo olvido. La noche anterior, Andreea nos contó una anécdota o leyenda -por calificarlo de algún modo, porque es un poco creepy- que desde hace siglos circula por Dublín. Resulta que un profesor un poco macabro se puso un día a pegar tiros desde su ventana a los estudiantes para divertirse; y uno de ellos, se lo tomó tan a pecho que reclutó a algunos amigos y con algunas armas, acabaron matando a dicho profesor. Quien desee averiguar más sobre la historia que coteje por Internet...



El Leinster House o Parlamento de la República de Irlanda

Uno de los iconos irlandeses, el gnomo

La vendedora de día y prostitua de noche Molley Mallone

Originalidad en la calle Grafton St.
Nos dimos también un paseo por Phoenix Park, el parque urbano más grande de Europa. Tomamos el sol y disfrutamos de una buena charla. Era hora de volver a casa, una duchita y preparar la última noche de fiesta. ¿Qué mejor manera de hacer tiempo que saliendo de fiesta?

Además, inesperadamente, la noche apuntaba muy alto y se quedó en un aprobado raspado, por no catalogarla de suspenso. Aunque cuenta como experiencia, por esa razón la apruebo, principalmente. Partiendo de que íbamos a ir a una barbacoa con las chicas de ayer y con más gente, sin vergüenza ninguna y a la aventura total; en un contexto idóneo para fichear... Resultó que se quedó en nada por distintas circunstancias. Para empezar, habíamos quedado a las 9 y llamamos a la chica pasadas las 10y30, y aún perdidos y dando vueltas con la maleta. No debíamos estar muy lejos, pero no encontrábamos el sitio. Tampoco parecía muy fácil dar con él. La zona del puerto no está muy bien señalizada y hay casas de protección oficial mezcladas con apartamentos de buen ver. Un caos si no te explican bien cómo llegar. Y ni Google Maps pudo. La impuntualidad española nos pasaba factura. A los centroeuropeos no les hace mucha gracia y así nos los hicieron pagar. Ya se estaban casi yendo de la barbacoa cuando les llamamaos.

St. Patrick's Church


Como se aprecia en la foto, el tiempo fue una gozada


Alrededores del castillo
Esfera dentro de una esfera en el Trinity College

Practicando uno de los deportes rey, el criquet
Phoenix Park, el parque más grande de Europa
Sin rumbo y sin saber muy bién qué plan trazar, lo más urgente era deshacernos de la maleta a toda costa. Eso de estar tirando de ella dando vueltas sin sentido no es de recibo. Pero para buscar la salida nos metimos en una zona insegura. Estaba lindando con el puerto y al lado de la zona residencial, pero se ve que este área estaba más abandonada o no había sido reformada. Caminamos con paso firme, sin miramiento alguno, anduvimos como si conociéramos la zona y a dónde nos dirigíamos. Me recordó a la escena de Training Day donde el joven policía quiere vengarse y pasa por todo el gueto con determinación, con la idea de acabar con Alonzo (Denzel Washington) y los vecinos le miran y no hacen nada. Le permiten, digamos, ir a matarle, hartos de todas las veces que se ha propasado. En nuestro debe, además, hay que añadir que las ruedas de mi maleta chirriaban y no había modo de pararlo, salvo cogiéndola, lo que hice finalmente.

Fue tan imprudente que hasta una mujer, de la que sospechamos, nos advirtió del peligro que vimos posteriormente. Llegamos a una zona más urbanita y dejamos atrás el lúgubre barrio. Se nos ocurrió intentar dejar la maleta en uno de los hoteles de la zona y los recepcionistas nos hicieron el favor, como así les pedí. Nos habíamos quitado un muerto de encima.

Ya sin cadenas -aunque exhaustos- había ganas de tomar un refrigerio (a todas luces necesario) y volvimos a la zona de Temple, donde nos pidieron el DNI (como a todo el mundo) pero el problema es que no lo tenía en la cartera. El portero me dejó entrar, obviamente; pero en ese momento era lo que menos me preocupaba. A 3 ó 4 horas de partir a Leeds, yo no tenía manera de hacerlo sin el dni. ¿Dónde lo habría metido....? ¿Se habría caído al pagar el billete del autobús? No había mucho que hacer, salvo esperar que milagrosamente estuviera en la maleta, como así fue. Concretamente, en un bolsillo de un pantalón. Pero de eso no me percaté hasta que volvimos al hotel a recogerlas. Pasó el mal trago y cogimos el taxi al aeropuerto (por el mismo precio que el autobús).







Bonito estanque en Phoenix Park

Con muchos sobresaltos -que para mí suman más que restan-, y con un sabor agridulce por la última noche desperdiciada y la primera que también nos supo a poco, apruebo el viaje porque la ciudad -acostumbrado a Inglaterra- me encandiló. Asimismo, el tiempo nos respetó los tres días y no hubo ningún amago de lluvia.