viernes, 17 de mayo de 2013

El Olympiacos devora al Madrid y se lleva la Final Four de la Euroliga


Nuevo evento de resonancia en Londres. Llegaba la Euroliga, la máxima competición del baloncesto continental, y con ella la Final Four, a la que solo acceden los cuatro mejores equipos. Una corte muy selecta y restringida que hace las delicias de miles de espectadores todos los años. No de tantos como debería en Londres, ya que aquí, al contrario que en Barcelona, Atenas, Siena, Vitoria, Vilna, Moscú o Tel Aviv, no se respira el básket por las arterias de toda la ciudad.

La primera semifinal enfrentó al campeón de la pasada edición, el Olympiacos, con el gran favorito en todas las apuestas, el CSKA de Moscú, que contaba con varias estrellas de la competición en nómina. Hubo sorpresa. Los griegos barrieron a un CSKA desnortado, sin el brillo que ha irradiado todo el año. Se apagaron las luces de Teodosic y ni Krstic ni Khryapa supieron sacar a los rusos del atolladero.


 Un Olympiacos muy serio comandado por Kyle Hines (13 puntos y 10 rebotes) se llevaba el partido sin dar lugar a debate (69-52).

El Madrid desarma al Barça desde la defensa y se lleva el duelo español en semifinales

18 años sin ganar la Copa de Europa. Esa es la cifra que hace temblar los cimientos de la casa blanca cuando se recuerda que desde 1995 en Zaragoza no se alza el trofeo más prestigioso del continente. Pero esta vez el premio parecía más cerca que nunca. El Madrid batió al Barça con un juego voraz, apretando los dientes y demostrando que el título le pertenecía por derecho propio. 
 
A pesar de que el inicio del duelo no fue todo lo bueno que se esperaba para los blancos, el final sí que hizo un guiño a su glorioso pasado. Pero eso es otra historia. El partido lo dominaba Marcelinho al poco de arranca, con ese tiro a una pierna que tanto le caracteriza ponía la máxima (11-6) a los cinco minutos de iniciarse el choque y obligaba a Laso a  pedir tiempo muerto. Dio igual. El Barça siguió defendiendo con mano de hierro y Navarro con una canasta marca de la casa daba aún más aire a los azulgranas al finalizar el primer cuarto (18-11).

 Respondía Llul a un Navarro que veía el aro como una piscina. El Madrid quería correr y el Barça sestear.  Pascual imponía su sistema al de Laso. La defensa y el tempo de partido lo marcaban los culés. El defenestrado Tomic tomó la pintura como si fuera el pórtico de su casa. Imperial, sacando faltas, anotando y siendo una jaqueca para los pívots blancos: 14 puntos y 6 rebotes al descanso.  Mantuvo vivo a su equipo cuando el Madrid amagó con irse en el marcador. 

La racha de Sergio Rodriuez y Rudy desde el triple ponía la máxima para el Madrid al descanso (39-33).
Pero Tomic continuaba percutiendo tanto o más que en la primera parte y daba la vuelta a la tortilla (51-48). Huertas enchufó un triple cuando expiraba la posesión y colocaba a los suyos seis arriba (54-48). Jasikevicius ampliaba la diferencia a 8 y Laso paraba el partido a falta de 12 minutos.

Las rotaciones de Laso estaban hundiendo a su equipo. Sergio Rodríguez, adalid del juego ofensivo que transmite por sus poros en la competición liguera el Madrid, se pasaba el tercer cuarto en el banco.
Al Madrid no le quedaba otra que arremangarse y subir un punto en defensa. Se agarró al partido secando a Navarro y a Tomic. El Barça se atascó. Parecía exhausto, sin ideas, bloqueado. Navarro no podía ni siquiera levantarse y tirar; y Tomic penaba en la pintura sin poder recibir balones. Felipe catapultó a los blancos a base de casta y agallas, resultando clave en el devenir de partido. Con menos minutos que hace unos años, con un rol más residual, siempre acaba cumpliendo. El hambre de unos y la desgana de otros hizo el resto. Bochornosos final del Barça. Huertas falló el triple para ponerse a dos (67-72) y el Madrid sentenció desde el tiro libre (74-67), sellando su pase a la ansiada final.

El Olympiacos ahoga al Madrid y repite título

A 100 puntos se fue el Olympiacos, una cifra habitual para el Madrid en la competición doméstica. Sin embargo, el domingo supuso una cota demasiado alta. No pudo ni supo cómo deshacer la telaraña griega y lo que es más inusual, encontrar armas para dañar la defensa rival. Se encontraron los blancos con un equipo griego con más corazón y templanza, que no se amilanó ante la diferencia abismal que separó a ambos equipos al término del primer cuarto (27-10).
  
El inicio de partido fue una ilusión óptica que duró solo un cuarto. Un Madrid desatado en ataque y sin correas llegaba hasta los 27 puntos transcurridos los primeros diez minutos. Una progresión de más de 100 al acabar el choque. Jugaban los de Laso a la carrera -su seña de identidad- y la anotación se estiraba cada vez más. Sin concesiones en defensa y contragolpeando con cada robo, con cada pérdida del Olympiacos.
Ponía el Madrid la máxima (13-5) cuando solo se llevaban disputados 5 minutos y obligaba al técnico griego a pedir tiempo muerto. De poco sirvió. El Madrid seguía igual. Ahora los triples volaban de la mano de Rudy. En esa ristra de tiradores que tienen los blancos aún no habían aparecido Sergio Rodríguez ni Jayce Carroll. Un abanico para asustar al más pintado. Una diferencia que la explicaban los 5 triples del Madrid. Los blancos veían el aro como una piscina olímpica. Una hemorragia que el Olympiacos solo podía parar a base de casta.



La ruidosa hinchada helena


Llegó la reprimenda de Bartzokas y la diferencia menguó hasta los 9 puntos (18-27). Las sensaciones y la iniciativa ya corrían del otro bando. El huerto en barbecho del Madrid ya no lo regaba ni Sergio Rodríguez, inédito hasta ese momento. El ritmo lo marcaba ya un Olympiacos que había embarrado el partido. Con el duelo enfangado por los legionarios griegos el Madrid sufría con cada posesión. No corría y la anotación se resentía tanto que en 6 minutos de segundo cuarto solo había anotado 4 puntos (24-31). El Olympiacos había remado y se había puesto a 7 (22-29). La dinámica del juego era franjirroja aunque en el marcador mandara el Madrid (31-35, a 2 minutos para el descanso).

20 minutos para el final y partido nuevo

El lenguaje corporal del Madrid no era el mismo que tras el primer cuarto. Rudy y Llull ya no saltaban  ni alentaban a la afición blanca. Era de esperar. La grada, mayoritariamente rojiblanca, no podía permitir que su equipo muriera sin pelear. Desfallecer no se contemplaba.

El asueto, en lugar de suponer un soplo de aire fresco, espoleó aún más a los griegos. Spanoulis clavó tres triples frontales y colocó al Olympiacos 3 arriba (48-45). El Madrid, sin rumbo, no encontraba su ritmo. Lejos quedaban los primeros compases del partido. Pablo Laso se veía obligado a pedir tiempo muerto. 52-46 con 5 minutos por jugarse.

De la mano de un valiente Rudy que empezaba a hacer de todo en la pista,  el Madrid empezó a pelear cada rebote. Tuvieron que recurrir los madrileños a la intensidad defensiva. Así igualó el partido. El coraje de Slaughter encontraba su réplica en el coloso Hynes, que entraba en una refriega constante con Felipe Reyes. Draper, inédito hasta el tercer cuarto, encontró la forma de parar a Spanoulis, el timón griego. Sin su vela, el Olympiacos es menos equipo. 61-61 y diez minutos con una tensión máxima por delante. La navaja cortaba el aire en cada ataque. Las muñecas se encogían hasta que salió Spanoulis. A la estrella del equipo más socialista de Europa no le tiembla la muñeca cuando el tiempo expira y los corazones palpitan más rápido que nunca. Un triple tras salida de bloqueo ponía el 70-62 a falta de poco más de 7 minutos. Situación extrema para el Madrid. Muy parecida a la de las semifinales ante el Barça.

Perperoglu sostiene el trofeo de campeón
Pero hoy la defensa no iba a ser suficiente. Aparecieron Sloukas y el árbol mecido por Spanoulis provocaba una borrachera de puntos alcanzable para el Madrid en otras ocasiones, pero no hoy. La defensa asfixiante pudo con los blancos. Los alfiles del Madrid se fueron desplomando uno a uno, mientras que las torres del Olympiacos iban  enseñando nuevas jugadas. Sergio Rodríguez seguía sin aparecer y a Carroll apenas se le vio en todo el fin de semana.
El Olympiacos en el podio celebrando el título


Kyle Hines dedica el trofeo a su afición

Spanoulis a falta de 2 minutos liquidaba  los blancos. Un nuevo triple con Rudy delante, ponía a los de El Pireo 11 arriba. 90-79 y explosión de alegría de la parroquia helena. El júbilo era máximo. Un equipo que rebajó su presupuesto por la crisis y tuvo que vender a sus estrellas. Aunque anduvo listo, confió ciegamente en un hombre, Spanoulis, que decantó la final para los griegos con 22 puntos, 4 asistencias y jugadas tan decisivas como el calor de su afición.


domingo, 14 de abril de 2013

Una tarde viendo al pentacampeón del mundo en Londres

Llegaba a Stamford Bridge la canarinha, la selección con más aura del fútbol mundial. El rival, la incómoda rusa de Fabio Capello. Más madura y con más poso desde que el técnico italiano la dirige desde el banquillo. El pragmatismo del ex-entrenador del Real Madrid, Juventus o Roma, entre otros, puede hacer de Rusia una selección fiable, más efectista que preciosista.

Y para dicho partido, un servidor consiguió dos tickets gracias a El Ibérico (el medio para el que trabajo). Mi amigo Diego fue el afortunado que recibió la otra entrada. Nuestros asientos estaban localizados en el sector brasileño, lleno de banderas y colorido.
 

Diego y yo viendo a la canarinha

Pero la selección de Scolari iba a dejar un sabor agridulce a la amplia hinchada que le acompañó. Un aroma a selección plana, sin los recursos técnicos de antaño ni la magia que desbordaba a borbotones. Con un arreón final salvó los muebles y pudo incluso llevarse la victoria. Firmó un 1-1 ante una Rusia muy disciplinada y que dominó el encuentro sin la necesidad de tener el balón. Capello tiene bien adoctrinado a sus hombres.

Las carencias de Brasil son muy visibles y solo la luz de Hulk encendió a su equipo en el tramo final.

1. El jogo bonito se marchó hace décadas, si bien la mística perduró durante años. Sin embargo, la táctica y el contraataque son los principales valores de la canarinha hoy en día. Thiago Silva comanda la zaga con mano de hierro y a su vera David Luiz se asienta como titular, aunque las dispersiones crónicas de Alves y Marcelo producen jaqueca a Scolari. Por otro lado, el contraataque como forma de vida es muy válido, pero la imagen de equipo de fantasía e icónico que maravillaba en cada encuentro ya no le pertenece. Ese honor le corresponde, si acaso, a la Selección española.

2. Neymar, el jugador al que todos los focos apuntan y que debería consagrarse en "su" Mundial aún no está maduro y a menos que llegue a Europa pronto y se adapte al fútbol del viejo continente, no se podrá contar con él como jugador diferencial. Las expectativas que genera son altísimas y eso se aprecia cada vez que el balón llega a sus botas. El silencio se hace en la grada y en los miles de espectadores que lo ven por televisión, pero muchas veces acaba en decepción. El futbolista del Santos se desgasta inútilmente en parcelas donde no es dañino y no aprovecha su excelente técnica; además de no pedir nunca el balón en profundidad. Siempre al pie, como los jerarcas que ya lo han logrado todo en el fútbol.

Brasil vs Rusia en Stamford Bridge

3. La línea medular no hilvana con los atacantes. El equipo se parte entre los medios y los delanteros. Hernanes intenta suplir esa carencia pero se ve muy solo en la zona ancha. Y más aún cuando se alinean Lucas Moura y Neymar en el mismo once, pues caen a las orillas y no ayudan a los mediocentros. Kaká, definitivamente, no está para liderar a la Pentacampeona y Óscar debe definir su rol. Si hereda la posición de mediapunta con galones del futbolista del Real Madrid, quizás la creación en la sala de máquinas aún tenga solución.

Demasiadas incógnitas a menos de 15 meses para que dé comienzo la gran cita en el país futbolero por antonomasia.

domingo, 24 de febrero de 2013

Viaje al norte de Inglaterra: York, Durham y Newcastle

Aquí os dejo la entrada de mi último viaje, una ruta por el norte de Inglaterra. El post lo ha hecho Diego en su blog, por tanto esto es un plagio consentido. Solo añadiré unas pequeñas líneas y algunas fotos para adornar su gran crónica, que no desmerece la profesión periodística. Sin más dilación os dejo con su visión sobre estos tres días. Suscribo casi todo lo que cuenta.

Antiguo castillo de la ciudad (York)


Catedral


El jueves, después de unas 4 horas de viaje -invertimos más tiempo por culpa del temporal de frío y nieve- llegamos a York, justo para irme de cervezas con Javi y nuestros anfitriones de Couchsurfing: Sebastian, Marina y Steve. Según parece, los jueves no hay mucho ambiente en la ciudad y solo una pequeña cantidad de pubs y discotecas están abiertos. Por lo tanto, nos dedicamos a tomar cerveza en lugares como Louther o Stone roses, nombre que coge del mítico grupo británico.

Una de las seis entradas a la ciudad, Bootham Bar
Durham
Al día siguiente nos levantamos bien temprano -a las 10- para dar un paseo turístico por York. Nuestro anfitrión Sebastian fue majísimo y nos acompañó en nuestro tour haciendo las veces de guía.

York es una ciudad pequeñita pero con mucha historia. Pudimos disfrutar de la catedral gótica, The Minster, la más grande del norte de Europa, o de sus calles empedradas llenas de embrujo, como la famosa Shambles. Por desgracia, no pudimos recorrer la muralla, puesto que se encontraba cerrada debido al hielo y la nieve.

Diego con el río Wear y el castillo de fondo
A la una de la tarde nos despedimos de Sebastian y de York y emprendimos rumbo a Durham, una pequeña ciudad de la que había oído maravillas.

Mientras el tiempo empezaba a torcerse y se acercaba la nieve, llegamos a Durham para pasar dos horitas paseando por la ciudad. Nos sobró una. Eso sí, tiene un encanto especial. Tanto la catedral como el castillo, que hace las veces de Colegio Mayor, le dan un aspecto medieval que se acentúa gracias al invierno.


Tras las dos horas en Durham, cogimos otro tren a Newcastle, esta vez para hacer turismo nocturno, básicamente. Entiéndaseme bien, nada de putes, sino fiesta de toda la vida. Allí nos esperaban Andrea y Alba, preparadas para petarlo por los pubs de Newcastle. Hay que decir que la primera noche no salió como se esperaba, ya que unos porteros xenófobos no nos dejaron entrar en una discoteca con buena pinta por ser españoles. ¡Lo que hay que ver! De todas formas, lo pasamos bien en el bar de latinos, el Vineyard.



Colegio Mayor (nada que envidiar al Hernando Colón)
Catedral
New(castle)
Una de las entradas al castillo
El sábado al mediodía nos obligamos - y de paso a las pobres Alba y Andrea - a visitar la ciudad y sus puntos de interés, que, a decir verdad, no son muchos. El castillo que nombra a la ciudad es bien pequeñito, y se ve todo el centro en poco tiempo.

Era hora de una merecida siesta para celebrar con ganas el cumpleaños de Alba. Casi 20 invitados de diversas nacionalidades - Alemania, Austria, Francia, Polonia y España, si mal no recuerdo - nos juntamos en su casa, casa cojonuda, por cierto, para beber antes de salir. El destino fue el mismo, el bar de latinos, pero con más diversión y más alcohol que el día anterior.


Sir Bobby Robson n St. James Park
Andrea, Diego y yo
Alba, Diego y yo
Con unas pintas penosas y después de pocas horas de sueño, Javi y yo separamos nuestros caminos para volver a casa en diferentes trenes.

En general fue un viaje bastante bueno. La nightlife de Newcastle es muy top. Simplemente por eso ya merece la pena volver.

El puente verde lo diseñó el arquitecto español Calatrava
 

lunes, 21 de enero de 2013

La NBA llegó, vio y dejó a todos contentos en Londres

Los jugadores de ambos equipos calentando
Las entradas se agotaron al segundo día de salir a la venta. Fui, junto con Alberto, uno de los 20.000 afortunados que consiguió una de ellas. La afición por el baloncesto en Inglaterra, y por extensión en el Reino Unido, no es muy grande pero la NBA sí que interesa, y mucho.

Los Knicks y los Pistons jugaron el pasado día 17 de enero en Londres y yo, gracias a twitter -cómo no-, averigüé dónde se alojaban los de Nueva York. Fue un momentazo. Llegué al hotel y tuve la fortuna de que varios jugadores salían a cenar, a comprar...sabe dios dónde irían. Los taxis les estaban esperando y fueron apareciendo uno a uno, paulatinamente. Me fotografié con los estelares Carmelo Anthony, J.R. Smith, Amaré Stoudamire y Raymond Felton. Todos, sin excepción, fueron majos y se pararon conmigo para la foto de rigor. La instantánea con Carmelo fue un sueño hecho realidad. Uno de mis jugadores fetiche desde que llegó a la NBA. Carmelo&Iverson; Iverson&Carmelo. Dos jugadores que explican mi afición por el deporte de la canasta.

Con mi ídolo, Carmelo Anthony
Amar'e Stoudamire
Los New York Knicks se impusieron cómodamente a los Detroit Pistons en el O2 Arena de Londres por 102-87 en un choque que no tuvo apenas historia. Era el 7º partido que la la liga estadounidense celebraba en Londres, el tercero de temporada regular. En los dos anteriores, otro equipo de la ciudad de los rascacielos, los New Jersey Nets, se impusieron a los Toronto Raptors.

El crack de Felton
El díscolo J.R. Smith
La intrahistoria se desarrollaba en los aledaños del pabellón. La tienda hervía ante la ristra de fans ansiosos por conseguir una prenda de su equipo favorito. A estas alturas no había preferencias. La camiseta de Carmelo Anthony se agotó muy pronto, pero nadie hizo ascos a coger la de Amar’e Stoudamire. El consumismo estaba por encima de los colores. Si no quedaban gorras de los Knicks, la de los Pistons valía para salir del aprieto.

Los colores azul y naranja predominaban en la grada, pero también se vieron bonitas sudaderas negras con el logo de los Brooklyn Nets o camisetas de los Chicago Bulls. Lo que importaba realmente era ir bien ataviado, ser reconocido como un connotado seguidor de la NBA. Quien no llevaba alguna prenda de algún equipo de liga parecía desentonar con el resto. A las 18.30, una hora y media antes del inicio del choque, el O2 abría sus puertas.

Detroit ejercía de local y se trajo a sus propias animadoras, marcador, 180 fans que habían resultado agraciados por un sorteo, su speaker… pero la sorpresa vino de la mano del organista del MSG, quien también hizo acto de presencia en Londres.

Knciks vs Pistons en el O2

Toda la parafernalia que envuelve al juego es lo que hace de la NBA una marca global. No es por banalizar al propio juego, pero no se entendería la repercusión de la liga estadounidense sin los acróbatas que intervienen en los tiempos muertos, la música, el speaker y su peculiar voz, los highlights que se despliegan en el vídeo marcador, los regalos que se sortean...todo ameniza la velada e involucra a la gente en un ambiente festivo.

Gangsta en el O2
Los dos capitanes, Stoudamire y Prince, en un discurso muy breve, agradecieron al público su fervor y mostraron su ilusión por jugar en Londres. Carmelo Anthony y Tyson Chandler volvían a la ciudad y al pabellón que les vio coronarse como campeones olímpicos y moldear, por fin, su juego, en el caso del primero. La cita del pasado verano transformó a Melo en un jugador más completo, capaz de asumir el rol de líder sin vacilar.Los Knicks salieron como un rayo y enseguida pusieron tierra de por medio (13-2), en apenas 3 minutos. Detroit tenía que parar la hemorragia.

Viviendo la magia del basket
Pero la tónica del partido no iba a variar mucho. Un equipo más hecho, más maduro, con más estrellas y que sabe a lo que juega. Si todos estos ingredientes no eran suficiente, la vuelta de Iman Shumpert a las canchas daba mayor fluidez al juego knickerbocker y contagiaba las ganas de defender. Kidd pudo descansar y tener la mente más fresca para dar el pase correcto. Una bendición para Woodson. La pelota naranja circulaba de un lado para otro y los Knicks abrían brecha (29-17) al término del primer cuarto. Carmelo Anthony lideraba a los de Nueva York con 11 tantos.

A pesar de lo que pueda parecer, no había mala visibilidad
Detroit aguantaba hacía la goma merced al trabajo de su juego interior, la única faceta en la que fueron superiores a su rival. Stoudamire apareció para intentar contrarrestar el poderío en la pintura de los Drummond, Monroe y compañía, y en parte lo consiguió. Sumó en ataque y equiparó la balanza. Un par de acciones puntuales de Anthony ponían las cosas al llegar al descanso (56-41).

El videomarcador señaló a algunas celebritiescomo Spike Lee, Pires, Vieira, Bergkamp o Ashley Cole (abucheado por ni siquiera mirar a la cámara cuando ésta le enfocaba). La NBA, como es costumbre, no pierde de vista a sus leyendas y el partido en Londres sirvió para homenajear a John Starks (finalista con los Knicks en 1994) y Bill Laimbeer (ganador de dos anillos con los Bad Boys), que salieron a saludar en varias ocasiones. Unos breves resúmenes de los momentos más destacados de sus respectivas carreras y de vuelta al partido. Entretenimiento no faltó y la cerveza y la comida hicieron el resto.

Partido dominado de principio a fin por New York
Los Pistons, de la mano de Bynum y un Monroe excelso en la visión de juego, se colocaban a solo 5 puntos (66-61). Tuvo que aparecer la mejor versión de J.R. Smith para tomar el relevo anotador de Carmelo, errático en esta segunda mitad. El amago de los Pistons se quedó en eso, un breve conato de rebeldía. A los Knicks no les iba a temblar el pulso. Novak, en su papel de francotirador, cargaba el fusil y despejaba todas las dudas.


Alberto bien equipado
Kyle Singler y Bynum redujeron las distancias al final y los últimos compases sirvieron para deleitar al público. Puro showtime. Todos querían lucirse y agradar a la hinchada. Nunca es tarde, aunque sí lo fue para algunos. Una buena parte de la grada ya había desalojado el pabellón, mucho antes de que concluyera el encuentro, más preocupados por no coger atascos y evitar mareas humanas en el metro que de disfrutar de los últimos minutos del partido, los que dedicaron ambos equipos a hacer las delicias de la gente.



El marcador final habla por sí solo

Un final feliz para los que aguardaron el desenlace pacientemente; el resultado era lo que menos importaba.

Lo que el público se llevará de recuerdo –además de los souvenirs- serán el fadeaway de Carmelo Anthony y su facilidad para anotar, el crossover de J.R. Smith, el pick&roll de Prigioni y Stoudamire o la visión periférica de Greg Monroe.

Una noche mágica, que no irrepetible, porque todo apunta a que Londres acogerá cada año –al menos- un partido de la mejor liga del mundo.

jueves, 3 de enero de 2013

Un día en Bristol

la Catedral
Parecerá más un reportaje gráfico que una entrada trabajada, pero sinceramente las imágenes describen por sí mismo esta localidad inglesa al suroeste de Londres. La octava ciudad de Inglaterra, y la undécima de Reino Unido en población.

Reconocida por su gran ambiente universitario, es uno de los enclaves de moda entre la juventud. Aunque es cierto que no fui en la fecha más propicia para empaparme de esa atmósfera. Era Navidad, el día 30 exactamente. Había pasado unos días en España y decidí volver a UK para salir en fin de año en Londres. Dos horas y cuarto es lo que tarda el autobús desde la capital inglesa a Bristol. Una ciudad pequeña en comparación con la megalópolis donde vivo. Conjuga monumentos significativos como la Universidad, la Catedral (del siglo XII), la iglesia St. Mary Radcliffe o el famoso puente de Cliffton (con una altura de 91 metros y diseñado por el ingeniero victoriano Isambard Kingdom Brunel), con bonitas terrazas y agradables pubs.


Estatua de William III, en Queen Square
La primera parada fue la oficina de turismo, al lado de el puerto y de la Plaza del Milenio. Resulta que Terezia no había hecho apenas turismo por Bristol y desconocía gran parte de la ciudad. Ahí residía su familia, pero ella solo pasaba algunos meses en verano.

Según había leído, el puerto fue uno de los que mayor actividad registró en el siglo XIX junto con el de Liverpool. Apenas se percibe hoy en día ese legado, pero conserva la pureza de sus muelles rescatados y reconstruidos en elegantes pubs, restaurantes y hoteles. Un intento de no perder las raíces, un guiño al pasado glorioso, una idea original e innovadora.

A unos 200 metros hacia el sur está la Plaza de la Reina. No tiene un gran interés artístico ni ofrece nada particularmente interesante, pero nos la señalaron en el mapa y nos acercamos. Una parada prescindible.

El puerto
Un poco más alejado del centro se encuentra el puente colgante, que hace de nexo con el barrio residencial de Cliffton, al noroeste. Desde la llanura se ve su inmensidad. Debajo del mismo hay  un río, el Avon -con poco caudal en estas fechas-, y una carretera. Mejor no mirar mucho hacia abajo. Intimida, aunque son, sin duda, las mejores vistas de la ciudad. Originalmente fue construido para el paso de coches de caballos y es considerado por los oriundos como el estandarte de la ciudad.
















Hicimos varios descansos: para comer, para tomar una cerveza, un cóctel en el bar donde trabaja el hermano de Terezia...pero aún así nos dio tiempo a ver lo principal. Aunque la pena es que dos de los emblemas de la ciudad: el magnífico puente colgante y la iglesia de St. Mary Radcliffe -calificada por la reina como "la parroquia más justa, respetable y famosa de Inglaterra"- los vimos cuando el sol se había puesto y no había resquicios de luz, solo los focos del propio puente o de la iglesia. De todos modos tomamos algunas instantáneas para hacernos a la idea de cómo debe ser a primera hora, a plena luz del día.
Bonita estampa de la Catedral





Nice views
La Universidad



El puente colgante

Terezia en ST. Mary Radcliffe